El espectáculo del medio tiempo de la Super Bowl es uno de los acontecimientos más esperados del año. Su retransmisión es seguida en todo el mundo, con audiencias que rondan los cientos de millones de personas.
Este año, la elección de Bad Bunny como artista principal marcó un hito: por primera vez, un artista latino e hispanohablante actuó en este intermedio y lo hizo casi íntegramente en español.
Además, la actuación no se limitó a ser una simple selección de éxitos encadenados. Benito Antonio Martínez Ocasio creó una narración casi cinematográfica con la reivindicación cultural de la comunidad latina en Estados Unidos como parte central del espectáculo.
Y lo hizo en un contexto político agitado: la administración Trump enfrentaba una intensa polémica por las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) contra comunidades hispanas, generando debates sobre identidad, inmigración y quién “merece” ser parte del tejido cultural estadounidense.
Por eso, la actuación de Bud Bunny fue un gran espectáculo, pero también fue mucho más como te contamos hoy en Orchestra di Piazza Vittorio.
El show de la superbowl, un recorrido musical y narrativo
En discurso narrativo tan cuidado en las formas como en el fondo, Bad Bunny transformó el casi sagrado campo de fútbol americano en un mosaico de identidad y celebración cultural, homenajeando más especialmente a Puerto Rico.
El show duró casi 20 minutos e incluyó un repertorio de nueve canciones cuidadosamente seleccionadas con un gran cuerpo de bailarines, músicos y extras.
El espectáculo se inauguró con “Tití Me Preguntó”, una explosión de ritmo que dio inicio al baile. A partir de ahí, Bad Bunny se movió a través de escenas inspiradas en la vida cotidiana puertorriqueña: carritos de piraguas, hombres jugando al dominó, artesanos callejeros, vendedores ambulantes y otros personajes que, más allá de la ficción, remiten a la vida popular de la isla, como el niño que se duerme en el baile de la boda.
La presencia de invitados como Lady Gaga, interpretando una versión en salsa de “Die With a Smile”, y Ricky Martin, quien se unió en un momento potente con “Lo Que Le Pasó a Hawaii”, añadió capas de significado tanto musical como simbólico, conectando generaciones e hilos culturales diversos.
Visualmente, la producción dividió el escenario en varias secciones, permitiendo a Bad Bunny “narrar” fragmentos de historias como si de viñetas culturales se tratase.
Más de 300 bailarines y escenarios móviles reforzaron el efecto teatral, además de otros aspectos como una escena de boda real (Lady Gaga cantó la canción de apertura del baile de los recién casados), además de muchas escenas cotidiana que le dieron al conjunto un tono casi cinematográfico para culminar en una reivindicación de los latinos en América como parte fundamental de ella.
Cinco aspectos que destacan del show de Bud Bunny en la “Supertazón”
1. Lengua y audiencias
Interpretar prácticamente todo el show en español fue un acto de reafirmación cultural sin precedentes para el intermedio de la NFL en un momento tan delicado. Obviamente, la administración Trump criticó tanto la elección del artista como su forma de cantar en español.
2. Identidad latina en un mundo angloparlante
Pero Bud Bunny no solo cantó en español. La escenografía y las elecciones musicales fueron deliberadamente representativas de la cultura popular puertorriqueña y latinoamericana —no como exotismo— sino como materia digna de un evento global.
Tampoco la elección de la ropa fue casual, apostando para vestirse por la marca española Zara que lució tanto el artista como todo el cuerpo de bailarines, utilizando una gama cromática elegida y supervisada por el propio cantante.
3. Polémica política
Aunque Bad Bunny no lanzó mensajes explícitamente políticos, el show fue interpretado como gesto de resistencia y visibilidad en medio de la tensión migratoria y las redadas del ICE, especialmente tras comentarios previos del artista sobre el tema.
Al final del número, justo antes de sonar su hit “DeBÍ TiRAR MáS FOToS”, con una pelota de rugby en sus manos, Benito nombró a todos los países de América como mensaje de unidad, identidad y orgullo latina y dejando claro que América es un continente diverso en el que todos tienen cabida, de Canadá a la Patagonia. “Seguimos aquí” como frase final, lo dice todo.
4. Invitados simbólicos
La presencia de Lady Gaga interpretando salsa y Ricky Martin, con una canción con carga crítica sobre colonialismo y desplazamiento, añadió capas de sentido más allá del simple “homenaje” musical. A estos invitados hay que sumar la gran cantidad de famosos latinos que se unieron al show como extras, de Pedro Pascal a Jessica Alba.
6. Reacciones mixtas
Mientras amplios sectores celebraron la inclusión y la visibilidad cultural, viendo esta actuación como justamente lo que necesitaba EEUU en esos momentos, sectores conservadores se mostraron críticos, llegando incluso a cuestionar la adecuación del evento para televisiones familiares. Su impacto en los medios de comunicación fue mucho mayor que la de otras actuaciones pasadas.
Conclusión: un intermedio que supera la estadística
La actuación de Bad Bunny en el Super Bowl LX no será recordada únicamente por sus cifras de audiencia, que fueron estratosféricas. Fue un espectáculo que desafió las expectativas, puso sobre la mesa discusiones sobre lengua, identidad y pertenencia cultural, y encendió conversaciones que trascendieron la música.
Fue, en muchos sentidos, un intermedio que nadie pidió como debate político… pero que muchos esperaban como símbolo.