La pregunta que planteamos en este titular resulta imposible de responder sin una mezcla de fe, humor, resignación y cierta tolerancia a la incertidumbre. Porque ya sabemos cómo se las gasta el ex líder de The Smiths y el riesgo que se asume cuando se compra una entrada para un concierto de Morrissey.
El último episodio de esta saga casi surrealista de cancelaciones tuvo lugar hace apenas unos días en Valencia, donde el artista canceló su concierto alegando que el estruendo de las Fallas de Valencia no le había permitido dormir. La excusa, digna de una novela costumbrista con tintes de tragicomedia, ha vuelto a encender un debate al que queremos sumarnos en Orchestra Di Piazza Vittorio a través de este nuevo artículo.
¿Cuántos conciertos ha cancelado Morrissey a lo claro de su carrera?
Lo cierto es que las cancelaciones no son un fenómeno reciente en su carrera musical, pero sí se han intensificado en los últimos años hasta alcanzar una dimensión legendaria.
Diversos recuentos independientes, algunos llevados a cabo por fans que han creado webs y perfiles en redes sociales para documentar este “fenómeno” y otros realizados por medios especializados, cifran en 357 conciertos cancelados, con especial concentración a partir de 2020. De todas formas, algunos medios señalan que la cifra podría ser aún más alta y que ese dato -los 357 conciertos cancelados- solo engloba a los posteriores a 1990.
En cualquier caso, que existan páginas web dedicadas exclusivamente a registrar cada cancelación, con un nivel de detalle que incluye fechas, ciudades y motivos alegados, ya dice mucho y permite hacernos una idea de hasta qué punto las cancelaciones de Morrissey se han vuelto más hecho noticioso que sus propios conciertos.
Lo que empezó como sorpresa ha derivado en una especie de running gag dentro de la industria musical que más que despertar indignación, despierta la risa y, lo peor de todo, que cada vez se tome menos en serio a un artista que, de no ser así, sería (y es) leyenda de la música del siglo pasado y de este.
¿Cuáles son los motivos que da cada vez que cancela un concierto?
Si estás valorando comprar una entrada para un concierto de Morrissey debes tener en cuenta que la posibilidad de disfrutarlo siempre estará en el aire.
Entre los motivos esgrimidos hay de todo: problemas de salud, dificultades logísticas, conflictos con promotores e incluso, como en el caso valenciano, factores ambientales difícilmente previsibles.
Algunas cancelaciones han resultado especialmente polémicas, sobre todo cuando se han producido a escasas horas del inicio del concierto, dejando a miles de asistentes con desplazamientos, reservas hoteleras y expectativas completamente frustradas. En ese punto, la narrativa deja de ser anecdótica y entra en el terreno de la responsabilidad profesional. Además, ¿cómo repercute en la fama de un artista que se hable más de las cancelaciones rocambolescas de sus conciertos que de su música?
¿Y qué pasa desde el punto de vista legal cuando compras una entrada para un concierto de Morrissey que se cancela?
Desde una perspectiva legal, la cuestión es más compleja de lo que parece. En términos generales, cuando un concierto se cancela, el promotor está obligado a devolver el importe de las entradas como es obvio. Este es el mínimo exigible según la normativa de consumo vigente en la mayoría de países europeos, incluida España.
Sin embargo, esa devolución no cubre otros perjuicios económicos que pueda sufrir el espectador, como transporte o alojamiento. Aquí es donde entran en juego las condiciones contractuales específicas y, en muchos casos, los seguros de cancelación.
En el sector de los espectáculos es habitual que existan pólizas que cubran contingencias como enfermedad del artista, problemas técnicos o causas de fuerza mayor. No obstante, no todas las cancelaciones encajan fácilmente en estas categorías. Cuando los motivos son difusos o discutibles, como pueden ser muchas de las cancelaciones de Morrissey, pueden surgir conflictos entre promotores, aseguradoras y artistas.
Además, los contratos suelen incluir cláusulas que limitan la responsabilidad del intérprete, lo que en la práctica reduce las posibilidades de reclamación por parte del público. Así, el espectador queda en una posición peculiar: protegido en lo básico (le devuelven el importe de la entrada), pero expuesto en lo accesorio.
Comprar una entrada para un concierto Morrissey hoy en día es una auténtica aventura. Pero es la única forma de disfrutar de su música: adquirir la entrada y cruzar los dedos. Tal vez porque su legado musical pesa más que la incertidumbre, o porque, en el fondo, asistir a uno de sus conciertos se ha convertido en una experiencia que empieza mucho antes de que suene la primera canción: una especie de ruleta emocional donde la expectativa y la ironía comparten escenario.
La pregunta, entonces, sigue flotando en el aire: si eres fan de Morrissey, ¿comprarías hoy en día una entrada o prefieres no exponerte al disgusto de la cancelación?