Hasta ahora, las grandes giras musicales de grupos y artistas han seguido la misma fórmula: recorrer distintas ciudades de la geografía de un país, llenar estadios y permitir que los fans disfruten de su música sin tener que desplazarse cientos de kilómetros.
Sin embargo, el panorama está cambiando. Cada vez más estrellas apuestan por las llamadas residencias de artistas. Se trata de un formato que, básicamente, lo que hace es concentrar numerosos conciertos en una única ciudad y convierte lo que antes era una sola parada de la gira en el epicentro de todo.
Pero ¿es una fórmula que beneficia a todos por igual? ¿Qué supone para cada uno de los agentes que intervienen en esta actividad incluido el medioambiente?
¿Cómo son las residencias de artistas?
Aunque el concepto no es nuevo, tradicionalmente asociado a Las Vegas, su expansión a otros mercados está transformando la manera de organizar determinados espectáculos. Por ejemplo, hoy lo vemos con numerosos artistas musicales de todos los géneros: en lugar de actuar una o dos noches en varias ciudades de un país, el artista permanece durante semanas en un mismo destino, donde ofrece una sucesión de conciertos.
En España, Madrid se ha convertido en uno de los grandes escenarios de esta tendencia. Bad Bunny reunió a cientos de miles de espectadores en sus diez conciertos madrileños de junio de 2026, mientras que Shakira llevó su residencia europea a un recinto temporal diseñado específicamente para su espectáculo llamado Macondo Park y donde llegó a ofrecer 13 conciertos a su público.
Llegados a este punto es importante señalar que la diferencia respecto a una gira convencional va más allá del lugar en el que se celebran los conciertos: las residencias de artistas intentan convertirse en una experiencia inmersiva, con escenarios diseñados a medida, actividades paralelas e identidad propia.
¿Qué beneficios tiene para el artista?
Ahora toca preguntarnos por qué este modelo de girar (o más bien de no girar) está en boga. ¿Por qué cada vez más artistas apuestan por las residencias?
Por un lado, la concentración de conciertos en una única ciudad simplifica la logística. Mantener una producción en el mismo recinto durante varias noches puede reducir los desplazamientos de equipos, escenografía y personal, además de evitar parte del montaje y desmontaje que exige una gira itinerante.
También permite amortizar grandes inversiones en escenarios, tecnología y efectos visuales. Si la demanda acompaña, sumar fechas resulta más sencillo que organizar nuevas paradas en otras ciudades. A ello se añaden acuerdos comerciales, patrocinios y oportunidades para reforzar la marca del artista.
No obstante, el modelo tiene sus riesgos: exige una inversión inicial importante, depende de que el público esté dispuesto a viajar y concentra la actividad en un mercado concreto. Además, deja fuera a quienes no pueden asumir el coste de desplazarse o alojarse.
¿Qué gana el público con las residencias de artistas?
Para los fans, una residencia puede ofrecer un espectáculo más ambicioso, un show mucho más espectacular con una producción especialmente cuidada y la posibilidad de elegir entre varias fechas.
Además, la concentración de actividades culturales y de ocio convierte el concierto en una escapada que va más allá de la música.
El reverso es evidente: quienes viven lejos de la ciudad en la que se fija la residencia deben sumar transporte, alojamiento y comidas al precio de la entrada. Y quienes no pueden viajar pierden la oportunidad de ver a su artista cerca de casa.
La descentralización cultural también sale perjudicada si las grandes giras dejan de visitar otras ciudades.
¿Cómo afecta al medioambiente?
Aquí aparece uno de los argumentos más interesantes a favor de las residencias. Reducir los desplazamientos de artistas, técnicos y equipos puede recortar emisiones. El informe Music Industry Climate Pack, elaborado por Music Declares Emergency, señala que el transporte constituye una de las principales fuentes de impacto de las giras y recomienda optimizar las rutas y reducir los viajes.
Sin embargo, hay una condición importante: menos desplazamientos del equipo no significan necesariamente menos emisiones totales. Porque si miles de asistentes viajan desde distintos puntos del país, especialmente en coche o avión, el impacto puede aumentar e incluso más que si fueran los artistas los que se desplazaran.
La investigación sobre música en directo destaca precisamente el peso del transporte del público en la huella climática de los eventos.
También deben contabilizarse la energía consumida, los residuos y la construcción de recintos temporales. Por tanto, la sostenibilidad depende de cómo se organice cada residencia y de las alternativas de transporte disponibles.
En definitiva, este modelo ofrece ventajas económicas y artísticas, pero no reparte sus beneficios de manera uniforme. Los artistas y las ciudades anfitrionas pueden salir ganando, mientras que otros territorios y parte del público quedan al margen. La cuestión no es elegir entre gira y residencia, sino encontrar un equilibrio que permita disfrutar de grandes espectáculos sin convertir la música en un privilegio geográfico ni ignorar su coste ambiental.